Un cuerpo también puede servir de estiercol

He tropezado con un texto de Nietzsche que viene muy bien al caso para continuar dándole vueltas a la cuestión de si hoy se presta más atención al artista que a su trabajo y de cuáles son sus causas y consecuencias: … sin duda lo mejor que puede hacerse es separar hasta tal punto al artista de su obra que no se le tome a aquel con igual seriedad que a ésta. En última instancia él es tan sólo la condición preliminar de su obra, el seno materno, el terreno, a veces el abono y el estiercol sobre el cual y del cual crece aquélla, – y por esto es, en la mayor parte de los casos, algo que se debe olvidar si se quiere gozar de la obra misma. (…) Debemos evitar caer en la confusión que caen a menudo los artistas: la de creer que él mismo es aquello que él puede representar, concebir, expresar. (Genealogía de la moral, Libro III, aforismo 4) Esta cita me recuerda que el otro día hablando con Paz perfilamos dos ideas antitéticas de artista: el artista agricultor, que se pone al servicio de la tierra, y el artista arquitecto que erige una torre para situarse a sí mismo en lo más alta de ésta. Lo que se esconde detrás de estas dos imágenes son dos actitudes muy distintas de entender la tarea artística. La primera insinúa que el rol del artista es ser un mediador que es capaz de sacrificar sus intereses más personales poniéndose al servicio de su obra y en ocasiones de aquello hacia lo que su obra apunta (ideales, valores, principios estéticos, políticos, etc…). Mientras que la segunda pertenece a un paradigma ya bien establecido en nuestra cultura: la auto-promoción del individuo en busca de reconocimiento. Por lo tanto existe un extremo ocupado por la posición de artista anónimo y otro extremo ocupado por el artista-marca. Entre ambos extremos se abre todo un espectro de grados y modulaciones donde parece que el artista hoy debe posicionarse. La pregunta ¿qué puede un cuerpo? podría estar también destinada a plantear dicha necesidad de posicionarse: ¿qué puede un artista en relación a su obra? ¿de qué maneras puede un artista separase de su trabajo de modo que la obra quede en primer plano? Para Nietzsche estaba claro: lo que puede un artista es poder ser el terreno, la condición de posibilidad de algo que no es el artista mismo, el artista deja paso a otra cosa que es diferente del artista. Mientras que cada vez que colocamos al artista por encima de la obra lo que hacemos es convertir la obra en un medio para el fín del artista que es promocionarse a sí mismo. Ahora bien, cómo se debe prestar atención a esta cuestión desde el punto de vista de la creación de un contexto como es el festival ¿qué puede un cuerpo? Soy consciente que es una pregunta delicada ya que nos sitúa a los que estamos involucrados en el punto de mira. Sin embargo creo que existe cierta urgencia por poner de manifiesto la complejidad de dicho entramado sin sentir ninguna inhibición ni convertir dicha cuestión en un tabú. Al menos me gustaría formular algunas vías de acceso a un posible diálogo entre todos los que piensen también que se trata de una cuestión determinante. Por ejemplo, algo a tener en cuenta es dotar de prioridad a la pregunta ¿qué puede un cuerpo? por encima de los nombres propios que están detrás de esa pregunta (sin que ello implique que esos nombres no asuman responsabilidades cuando llegue esa hora). Cuando digo la pregunta, no me refiero al contexto, ni al festival, sino a la pregunta en sí misma. Dar prioridad a la pregunta es apoyar la creación de una obra y no tanto la carrera artística de ciertos nombres. Al fin y al cabo los nombres, ya sea de artistas o de festivales, son prescindibles. Lo imprescindible es la tierra de cultivo, que en este caso tiene la forma de una pregunta que nunca será tierra estéril porque, por suerte, es imposible responderla de una vez por todas. Esta pregunta no acaba cuando acabe el festival. Lo que el festival hace es proveer un marco de intensificación de la pregunta. Participar en este contexto implicaría, desde este punto de vista, ponerse al servicio de la pregunta, cuidarla, mantenerla fértil y también, por qué no, no olvidar que un cuerpo también puede servir de estiercol.